El traje que te hace viejo

“La vejez no se puede explicar con moléculas, hay que sentirla”, sostiene Stefan Walter, investigador en el Hospital Universitario de Getafe. Solo así se puede comprender a la octogenaria que no logra cruzar el semáforo mientras está en verde. O al anciano que va a pagar en la caja del supermercado, busca monedas en su bolsillo ante la impaciencia general y, al encontrarlas, se le caen al suelo. El centro ha adquirido dos trajes que simulan las dificultades a las que se enfrentan los ancianos en su día a día. Con ellos investigan la forma de ralentizar los efectos del envejecimiento. La otra finalidad es que la sociedad conozca cómo se siente una persona mayor y así favorecer la empatía y hábitos de vida saludables.

“Ninguna persona con 30 años se puede imaginar lo que es tener 70 y sufrir problemas de visión, de equilibrio o de audición”, manifiesta Walter. Gracias a este simulador, ahora sí es posible. El traje está formado por diversos elementos. Cada uno de ellos posibilita experimentar las limitaciones de un anciano. Un juego de gafas especiales altera la percepción del color, restringe el campo visual o causa borrosidad. Unas orejeras disminuyen la audición y un collarín limita la movilidad de la cabeza. Por culpa de un chaleco que pesa entre dos y cuatro kilos se curva la columna. Caminar genera inestabilidad y cualquier desplazamiento necesita de un mayor esfuerzo físico. “Me siento cansado, agotado, como si en el desplazamiento de 150 metros hubiese hecho seis o siete kilómetros”, afirma Rodrigo Pérez. Y eso que aún no había probado los guantes que, mediante unas pequeñas descargas eléctricas, simulan temblor de manos y dificulta coger objetos.

El aumento del envejecimiento de la población en los países desarrollados está obligando a cambiar la percepción de la vida. El segmento de mayor edad concentra cada día más atenciones. Solo en la Comunidad de Madrid existen 1,1 millones de personas con más de 65 años, el 17,5% de la población.

Así fue cómo nació Midfrail, un estudio europeo que trata de medir la efectividad de los programas de ejercicio físico y estudiar qué pautas hay que desarrollar para mejorar la vida de los ancianos. Los dos trajes de simulación han llegado desde Alemania, apenas hay ocho en España (todos vinculados a la universidad o a la empresa privada) y han costado 4.500 euros. La partida ha sido cargada al programa Frailomic, que intenta esclarecer los factores y criterios de diagnóstico de la fragilidad en personas mayores.

Con frecuencia, se ha asociado vejez con enfermedad, lo que para los expertos es una falacia. “La fragilidad solo es un síndrome de vulnerabilidad. Con cambios en los hábitos de vida y con ejercicio, el paciente puede mejorar”, afirma la doctora Checa. Relata que su equipo ha conseguido en dos o tres meses mejoras notables con pacientes que antes no podían ducharse solos y que ahora vuelven a hacerlo. “Es solo un ejemplo de lo que se puede conseguir porque, de momento, no existe una pastilla para evitar la fragilidad”.

 

Fuente El Pais del 22/1/17